Hoy se ha publicado el nuevo diccionario de la lengua española: el Diccionario de la lengua española (DLE, versión 23.8.1). El editor es la Real Academia Española (RAE). Lo especial de esta edición no son solo las palabras nuevas que se han incorporado. También es especial que se haya mantenido el origen de la palabra algoritmo en el sentido del cálculo sobre polvo/arena (hisāb al-ġubār). Es la única explicación etimológica realmente correcta de una de las palabras quizá más importantes del mundo, ¡a escala global!
¿Se necesitan diccionarios en la era de la IA? La respuesta es: sí, absolutamente. ¡Y mejor aún en formato impreso! ¿Por qué? Muy sencillo: porque, gracias a la IA, la continuidad de los significados de las palabras cobra una importancia cada vez mayor. A primera vista suena paradójico, pero tiene un trasfondo importante: quien tiene un diccionario tangible puede estar bastante seguro también en el futuro de que su contenido es fiable.
Diccionario de la lengua española
Con eso llegamos al nuevo diccionario de la lengua española. Se trata del Diccionario de la lengua española (DLE) en la versión 23.8.1. Fue presentado al público el lunes 15 de diciembre de 2025. Detrás está la ya mencionada Real Academia Española (RAE). También aporta mucho la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE). La versión electrónica del diccionario ya está disponible. La versión impresa llegará en 2026.
Organizaciones lingüísticas como la RAE son por naturaleza conservadoras. ¡Y eso es bueno! La lengua es el vínculo entre muchas generaciones. La lengua crea identidad y orientación. Pero también cambia una y otra vez. En el uso popular, incluso con rapidez y de manera implícita: sin ninguna documentación escrita sobre lo que significa un término o cómo surgió.

Fuente de la imagen: https://dle.rae.es/algoritmo
El ojo quieto del huracán
Cuanto más rápido gira el carrusel de la lengua, más importante se vuelve un polo estable: una especie de ojo quieto del huracán que observe y verifique de dónde vienen las palabras, los giros y los términos técnicos, y hacia dónde van. La etimología, es decir, el origen de los términos, es especialmente relevante en la era digital, ya que, entre otras cosas, debido a las redes sociales utilizadas en todo el mundo, cada vez más términos de lenguas extranjeras se incorporan a los ecosistemas lingüísticos regionales. Así, en todas partes del mundo surgen una y otra vez neologismos regionales que, en las regiones de origen, a veces resultan autoexplicativos.
La inteligencia artificial también cambia la lengua: ¿qué alemán conocía hace cinco años la palabra “prompt”? ¡Hoy casi todo el mundo! Pero los cambios también se producen por los grandes modelos de lenguaje (Large Language Models, LLM). En parte mezclan, a veces de forma no deseada, términos de distintas lenguas, incluso por vía de la alucinación. Así que hoy y en el futuro ya no es solo el ser humano quien moldea la lengua: cada vez más, también lo hacen los algoritmos. Y algoritmo —según el conocido filósofo Yuval Noah Harari— quizá sea la palabra más importante del mundo.
La etimología de la palabra “algoritmo”
Y así se cierra el círculo con el diccionario de la lengua española, el DLE:
El DLE es el único léxico lingüístico del mundo que desde hace más de 25 años no explica la palabra algoritmo (en español algoritmo) mediante el epónimo de al-Juarizmí (al-Hwarizmi), explicación que está difundida casi de forma universal.
Esto último se refiere a la derivación etimológica de la palabra a partir de la latinización del sobrenombre de uno de los matemáticos históricamente más importantes de la Alta Edad Media: Muhammad al-Juarizmí.
Sin duda: al-Juarizmí sería un homónimo digno para quizá la palabra más importante del mundo. El único problema: la explicación extremadamente extendida es, por desgracia, una proyección retrospectiva plausible pero meramente especulativa del siglo XIX. Nada más.
Tras el epónimo de al-Juarizmí se esconde un problema que, precisamente en la era de la IA, se vuelve cada vez más relevante: el de la citogénesis, en la que una fuente cita a otra sin haber comprobado las fuentes primarias. Así nacen “verdades sentidas” que se siguen difundiendo, con lo que al final la creencia colectiva errónea se hace cada vez mayor. Al mismo tiempo, se vuelve cada vez más imposible contrarrestar la pseudolegitimación del consenso —el consensus sapientum—.
El origen sigue siendo árabe.
En este contexto fue y es tan importante que la RAE mantenga también en su edición más reciente la postura que viene publicando desde hace más de 25 años: sigue explicando la palabra algoritmo mediante la latinización del (también árabe) término hisāb al-ġubār, es decir, el cálculo sobre arena/polvo, o el cálculo con cifras árabes. Así que el mundo árabe puede respirar tranquilo: la explicación de la RAE no le quita el honor de haber acuñado funcionalmente la palabra algoritmo (en la Edad Media, algorismo).
Al contrario: ¡el honor vuelve a corresponder a la cultura que conservó para Europa gran parte del saber de la Antigüedad!
Así pues, no fue solo un erudito árabe; fueron muchos los que contribuyeron funcionalmente a la acuñación del término algoritmo:
- Además de al-Juarizmí, el cálculo con la tablilla de arena o polvo, similar a un ábaco, fue desarrollado de forma esencial también por
- Saʿīd al-Andalusí, Kušar ibn Labbān, Abū Bakr al-Ḥaṣṣār y Muḥammad ibn al-Yāsamīn.
- Y el mercader italiano Leonardo de Pisa (Fibonacci) fue uno de esos europeos medievales que conocían el (original) algorismo, pero lo despreciaban por su semejanza con el ábaco.
El significado conceptual de la palabra solo se transformó con el paso de los siglos hasta convertirse en lo que hoy entendemos por algoritmo.
Federico Corriente y la explicación de al-ġubār
Quien descubrió, por cierto, que fue así y no de otra manera fue el profesor español Federico Corriente Córdoba. O dicho de otro modo: fue el único que no quiso sumarse a la corriente principal de la citogénesis. Por ello sintió pronto el fuerte viento en contra del consenso científico, que no quería poner en duda el epónimo tan extendido.
Así, Corriente revocó su postura en 1999. Al menos oficialmente. De forma oficiosa, su recomendación ha sido mantenida por la RAE hasta hoy, también en la versión 23.8.1 del DLE. El comportamiento ejemplar de Federicht Corriente es una de las razones por las que se le dedicó una sección propia al final del análisis «La odisea de Algorizmi al algoritmo» (capítulo 10.3). No solo se retractó de su tesis, en lugar de presentar pruebas, sino que también fue tan hábil como para combinar su retirada oficial con un mensaje ambiguo.
¿Qué tienen que ver los alemanes con esto?
Pasemos de los modelos a figuras más discutibles de la historia. Es la “cuestión de los (a)lemanes”: ¿por qué la entrada algoritmo del Diccionario de la lengua española es relevante también para nosotros, los alemanes?
Por al menos tres razones:
- En primer lugar, la pregunta de dónde procede la palabra algoritmo es importante para cualquier alemán que use IA. Para quien estudia matemáticas o informática, incluso suele ser lectura obligatoria.
- Pero hay algo aún más importante: la derivación epónima tan extendida, pero apenas sólida, del concepto se remonta a un puñado de historiadores de las matemáticas alemanes del siglo XIX.
- Y esos historiadores trabajaron “muy creativamente”: utilizaron sugerencias probatorias, complementos documentales, dataciones falsas, así como burla e ironía, para imponer su idea fija y poder figurar como “redescubridores”.
Toda la historia aquí en PDF: van-Helsing.ai – Die Odyssee von Algorizmi zum Algorithmus (166 páginas, estado diciembre de 2025)